Comunicación Efectiva a través del Coaching y la PNL, en Barcelona y Madrid


Curso de Coaching y PNL


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La vida es como una taza de Café

La vida es como una taza de café

Un grupo de ex estudiantes, ya muy establecidos en sus carreras, se reunió para visitar a su viejo profesor de la universidad. Una vez en casa del maestro, la conversación se concentró en quejas sobre el estrés en el trabajo y la vida.

Al ofrecerles café a sus visitas, el profesor fue a la cocina y regresó con un termo de café y una variedad de tazas de: porcelana, plástico, vidrio, cristal, algunas comunes, algunas caras, algunas exquisitas, y les pidió que se sirvieran el café caliente.
Cuando todos los estudiantes tenían su taza en mano, el profesor dijo: “Si se han fijado, todas las tazas bonitas y caras han sido tomadas, dejando atrás las comunes y baratas. Aunque es normal que quieran sólo lo mejor para ustedes, ése es el origen de sus problemas y estrés”.

Lo que en realidad querían era café, no la taza, pero conscientemente tomaron las mejores tazas y las estuvieron comparando con las tazas de los demás. Fíjense bien -prosiguió-: La Vida es el café, pero sus trabajos, el dinero y su posición social son las tazas. Las tazas son sólo herramientas para sostener y contener Vida, pero la calidad de la Vida no cambia. ”A veces -concluyó-, al concentrarnos sólo en la taza, dejamos de disfrutar el café que hay en ella”.

“No dejes que la taza te guíe… mejor goza el café”.

Superación y crecimiento personal

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Programa Superior Talenthia, Potencia tus Habilidades Directivas

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Formación en Comunicación, liderazgo y trabajo en equipo

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Postgrado DPEP, UPC, Barcelona

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Participación en programa de Radio

Programa de Radio, Salud, dinero amor y todo lo demás, Víctor Peña

Radio-kanal-barcelona-victor-peña-coach

Clicar en el Link, A partir de min 18:10, espero que sea de vuestro agrado:

http://www.ivoox.com/salud-dinero-amor-todo-lo-demas-26-10-2011-audios-mp3_rf_874524_1.html

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El miedo como maestro

Prólogo del libro conmemorativo del I Congreso«No Miedo»miedo

 

Conozco bien el miedo. Entró en mi vida el mismo día en que nací. Y con la complicidad de mi inconsciencia, durante muchos años ha campado a sus anchas por mi mente, derramando su veneno sobre mi corazón.

 

Entre otros, he padecido miedo al rechazo. Al compromiso. A la libertad. A la soledad. A la grandeza. Al ridículo. Al fracaso. Al éxito. Al vacío. A la oscuridad.A la luz. A la muerte. A la vida. Al cambio. He sentido tanto miedo que he terminado por temer al propio miedo. Fiel e inseparable como una sombra, el miedo me ha acompañado en mis momentos de mayor debilidad y sufrimiento.

 

Y aunque me ha llevado muchos años reconocerlo, en su compañía siempre me he sentido como un esclavo. Pero a pesar de su mala fama, debo reconocer que es muy generoso. Mientras no he podido valerme por mí mismo, me ha protegido de todo tipo de amenazas y peligros. También me ha ayudado a tomar decisiones que me han hecho sentir más cómodo y seguro. No está de más añadir que siempre que le he preguntado, me ha aconsejado mantenerme en el mismo lugar y seguir siendo la misma persona.

 

De forma desinteresada también me ha recomendado apostar por el camino trillado, motivándome a hacer lo mismo que hace todo el mundo. El miedo se ha preocupado constantemente de que fuera considerado una persona normal, siendo así aceptado por la sociedad. Además, bajo su tutela he comprendido que no está bien arriesgar ni soñar. ¡Y mucho menos ser uno mismo! Me quiere tanto, que suele frenarme de manera preventiva para evitarme nuevas decepciones y frustraciones.

 

Además, que yo recuerde, el miedo nunca me ha pedido nada a cambio. Lo suyo es vocacional. De eso no me cabe la menor duda. Sobre todo porque su función no es demasiado agradecida. Ni mucho menos reconocida. De hecho, está acostumbrado a ser criticado, juzgado y demonizado. En su día, empecé a verlo como un enemigo que me limitaba. Por eso empecé a pelear contra él. Pero cuanto más luchaba, más grande y poderoso se volvía. Jamás pude derrotarlo.

 

Tras aceptar mi derrota, empecé a obedecerlo. Impotente y resignado, dejé que se convirtiera en mi amo y señor. Eso fue lo más doloroso. Siempre que aparecía en escena, miraba hacia otro lado. Y así fue como me apresaron la inseguridad y la cobardía. La verdad es que no sabía qué hacer. Tanto si luchaba como si me resignaba, el miedo iba a seguir expandiéndose por mi mente, corrompiendo mi corazón.

 

No podía eliminarlo, pero tampoco ser su siervo. En ambos casos me impedía ser feliz, vivir en paz y dar lo mejor de mí en cada momento y frente a cada situación. Ahora veo claro que la clave consiste en trascenderlo, pero por aquel entonces la pregunta seguía siendo la misma: «¿Cómo?»

 

El punto de inflexión de mi historia personal con el miedo llegó cuando comprendí que más que carcelero, en realidad es un gran maestro. Y esta revelación no me llegó de la mano de ningún libro, sino de una experiencia transformadora. Tenía dieciséis años. Y acababa de ver una película de terror, en la que un asesino en serie descuartizaba con un hacha a todas sus víctimas, casualmente adolescentes, en un oscuro aparcamiento subterráneo.

 

Recuerdo que no pude conciliar el sueño durante una semana entera. Tras ver aquella película sentía como si me hubieran inyectado en vena varios litros de miedo a ser descuartizado. No obstante, por aquel entonces conducía un ciclomotor, que mis padres me exigían aparcar en el garaje comunitario del edificio en el que vivíamos.

 

Así que al terminar mis quehaceres cotidianos, cada noche me enfrentaba, por unos instantes, al miedo psicológico creado por mi mente. Y eso que era un parking pequeño, con capacidad para unos diez vehículos. El quid de la cuestión es que tenía dos plantas. Afortunadamente, mi plaza de moto estaba en la planta principal, con lo que no tenía que bajar a la planta del sótano. Además, nada más entrar en el aparcamiento las luces se encendían de forma automática.

 

El drama era que se apagaban justo un minuto y medio después. Es decir, que tenía noventa segundos para aparcar la moto y salir pitando de ahí. Y eso hacía. Los latidos de mi corazón se disparaban. Tenía miedo de encontrarme cara a cara con el descuartizador. Y con su hacha. Por irracional que ahora me parezca, mi miedo lograba convencerme cada noche de que se encontraba esperándome en la planta del sótano, preparado para matarme.

Fue pasando el tiempo y lo cierto es que más que desaparecer, mi temor no había dejado de crecer. De hecho, tuvo que pasar otro año más para decidir hacer algo al respecto. Finalmente, una noche me atreví a enfrentarme a mi miedo. Eran las nueve en punto. Y mi familia debía de estar preparándose para cenar. Entré en el aparcamiento, dejé mi moto y me quité el casco. Esperé a que se agotara el minuto y medio de cortesía, y por primera vez estuve presente cuando se apagaron las luces.

 

Mi corazón aceleró de cero a cien en sólo unos segundos. Creí que me daba un infarto. Estaba completamente aterrado. Tenía ganas de llorar. Quería correr como siempre hacia las escaleras y cenar junto al resto de mi familia. Pero no lo hice. Me quedé ahí, quieto, esperando. No sabía muy bien qué hacer. Respiré hondo varias veces, bajé de la moto y comencé a caminar hacia la rampa que conducía hacia el sótano.

 

Recuerdo que con cada paso hacia delante mi corazón latía con más fuerza. Estaba completamente a oscuras. El descuartizador podía estar en cualquier parte. No veía nada. Tan sólo había una tímida luz de neón con un sugerente mensaje: «Salida». Haciendo caso omiso a la señal, me situé justo en el centro de aquel sótano y me senté en el suelo. Instintivamente, cerré los ojos y seguí respirando, de forma cada vez más profunda.

Y así me quedé durante quince minutos. Evidentemente, no me pasó nada. Allí no se escondía ningún descuartizador. Sin embargo, al enfrentarme a él me vencí a mí mismo. Hasta entonces, mi único problema era que había estado aprendiendo del miedo justo lo contrario de lo que llevaba años queriéndome enseñar. Su objetivo siempre había sido desafiarme para romper todas mis cadenas y poder así ser libre para seguir mi propio camino en la vida. Si no fuera por los obstáculos y las dificultades impuestas por el miedo, no hubiera podido entrenar dos músculos que hasta entonces desconocía: la confianza y el coraje.

 

Ya no odio al miedo. He comenzado a aceptarlo y a amarlo tal como es. Gracias a su compañía he tenido la maravillosa oportunidad de superar muchísimas limitaciones que desconocía. Todavía nadie me ha hecho un regalo tan valioso. Lo cierto es que voy a echarlo de menos. Aunque sé que volverá. El miedo siempre vuelve. Es su naturaleza. Su mayor deseo es que crezcamos y nos desarrollemos como seres humanos, alcanzando nuevos niveles de comprensión y de sabiduría.

Por eso, cuando esté rodeándonos con sus brazos, susurrándonos al oído certezas con las que seducirnos, hemos de recordar que nos miente con el fin de que nos atrevamos a descubrir la verdad. Tal es su amor por la humanidad. Sólo entonces podemos hacer lo que más le gusta: mirarle de frente a los ojos, tenderle nuestra mano y decirle: «Llévame a donde más temo».

Y una vez ahí, cerrar los ojos y dar un paso hacia delante. Aunque nuestra mente nos engañe, diciéndonos que estamos delante de un precipicio, no se trata más que de una ilusión creada por el miedo. Dar un paso hacia delante. Ese es el alimento que nutre la confianza y despierta el coraje. Dar siempre un paso hacia delante. Aunque no sepamos qué va a suceder. Aunque no tengamos certezas ni garantías… Confianza.

Es lo único que nos pide la vida antes de empezar a dárnoslo todo.

Y pase lo que pase, no hemos de olvidar ser congreso-no-miedoeducados y despedirnos del miedo con cariño y respeto:

«Muchas gracias de nuevo, Miedo, pero a partir de aquí puedo seguir mi camino solo. Ya no te necesito.»

 

Borja Vilaseca

Periodista de El País y director del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo de la UB

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Autoestima

“Hay una abrumada evidencia que cuanto más alto es el nivel de la autoestima, es más probable tratar a otros con respeto, amabilidad, y generosidad.” Nathaniel Branden.

El propósito de este artículo es ayudarte a ser consciente de dónde estás ahora con respecto a tu autoestima y de cómo puedes crear una autoestima más saludable. Este artículo te proveerá de algunas herramientas prácticas para entender que es una autoestima saludable y cómo mejorarla.

Todos tenemos una idea con respecto a la autoestima. En general no creemos algunas veces que podemos vivir nuestra vida con una autoestima saludable. Fuimos criados, la mayoría de nosotros, para creer que la gente con alta autoestima es arrogante, y muchos de nosotros hemos llegado a la conclusión de que es un tema tabú.

Todos nosotros tratamos de vivir felices y de hacer felices a las personas que nos rodean ¿Cómo podemos alcanzar este propósito si no somos realmente felices con nosotros mismos? , ¿Cómo podemos intentar dar a otros el amor y la autoaceptación que no tenemos hacia nosotros mismos?

¿Qué es la autoestima?

De acuerdo con el diccionario la autoestima es definida como “Una seguridad y satisfacción de uno mismo”. Por lo tanto, la autoestima es la aceptación, el respeto, la confianza y la creencia en uno mismo. Cuando uno se acepta a si mismo, se siente cómodo. De esta manera puedes vivir tu vida con tus fortalezas y debilidades sin necesidad de criticarte continuamente.

Cuando uno se respeta a si mismo, honra y valora su propia dignidad y se valora como un ser humano único, comienza a tratarse de la misma manera que trataría a alguien a quien respeta.

¿Cómo adquirimos nuestra autoestima?. Nuestra autoestima es adquirida a través de nuestra familia, maestros, amigos y la sociedad en general. Es determinada por la manera en que interactuamos con otras personas, nuestras relaciones personales, el trabajo y la vida en general. La autoestima se basa en cómo ves tus habilidades y dignidad como persona. LA AUTOESTIMA SE CONCENTRA EN CÓMO TE SIENTES ACERCA DE TI MISMO/A.

Las personas con baja autoestima se sienten negativas con respecto a ellos mismos, por lo tanto, frecuentemente viven ansiosos y deprimidos. Por otro lado, las personas con alta autoestima se sienten muy bien y son frecuentemente seguros. Saben claramente la importancia de cuidarse. Sería muy interesante que cuando empezamos a transitar este camino recordemos algunas cosas que no deberíamos hacer. A continuación explico 4 puntos importantes con respecto a esto:

La baja autoestima se alimenta de mensajes y pensamientos negativos. Por lo tanto yo sugeriría que no te critiques. Cuando un pensamiento de crítica aparezca en tu mente, cambia la atención y piensa en otra cosa. Deja de lastimarte con tu crítico interior. Poco a poco ese crítico interior tendrá menos fuerza.

La baja autoestima se alimenta del miedo a ser rechazado, por lo tanto, no trates de complacer a todo el mundo todo el tiempo para poder sentirte aceptado o amado. Recuerda que lo que sientes es tan importante como lo que los demás sienten. No te niegues a ti mismo.

La baja autoestima se alimenta en la inseguridad, por lo tanto, no trates de parecerte a otra persona. Recuerda que eres único, que tienes talentos únicos y maneras únicas de hacer las cosas. Si eres único no puede ser otra persona. Trata de ser lo mejor que puedas sin compararte con los demás.

La baja autoestima se alimenta del miedo, por lo tanto, no te tomes tan en serio. Recuerda que nunca fracasamos, el fracaso no existe. Lo que las personas llaman fracasos, es simplemente una manera que hemos encontrado de no volver a repetir las cosas. Toma los llamados fracasos como un aprendizaje que te esta llevando hacia donde quieres llegar. Sal de tu círculo de confort.

Ejercicios

1. Escribe acerca de cómo te has criticado hoy.

2. Escribe a quien tratas de complacer y con quien tratas de quedar bien hoy y porqué lo hiciste.

3. Escribe con quién te comparas hoy y de que manera lo hiciste

4. Escribe algo en que consideres que has fracasado, escribe porqué lo considera un fracaso, ¿como te sientes? Escribe que has aprendido de este fracaso.

Te recomiendo que repitas este ejercicio 21 días seguidos para lograr automatizarlo inconscientemente, feliz nueva autoestima.

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